Por Dra. Cristina Guzmán Calvo
Psicóloga | Especialista en Terapia de Esquemas
Psicología Activa – Costa Rica
Una de las investigadoras más influyentes en el estudio del autismo cuestiona la amplitud de su definición actual. ¿Estamos comprendiendo mejor la diversidad humana o necesitamos revisar nuestros criterios diagnósticos?
Una controversia que invita a reflexionar
Durante las últimas décadas, nuestra comprensión del autismo ha experimentado una transformación significativa.
Hemos pasado de interpretaciones limitadas, frecuentemente acompañadas de prejuicios, a reconocer una diversidad de características cognitivas, comunicativas, sociales y sensoriales.
Este avance ha permitido que muchas personas encuentren explicaciones para experiencias que anteriormente permanecían incomprendidas.
Sin embargo, una pregunta comienza a ocupar un lugar importante en el debate científico:
¿Puede una categoría diagnóstica volverse tan amplia que termine perdiendo parte de su utilidad clínica?
Esta interrogante ha adquirido relevancia gracias a las recientes declaraciones de Uta Frith, una de las científicas más reconocidas internacionalmente por sus contribuciones al conocimiento del autismo.
En marzo de 2026, Frith cuestionó el concepto de espectro autista en una entrevista publicada por Tes Magazine. Posteriormente, en agosto, desarrolló sus argumentos en un artículo científico publicado en la revista Psychological Medicine.
Su planteamiento es provocador: la definición actual podría haberse ampliado tanto que resulta necesario revisar su precisión y utilidad diagnóstica. Tes
¿Quién es Uta Frith y por qué importa su opinión?
Uta Frith es profesora emérita de Desarrollo Cognitivo en University College London y una figura fundamental en la investigación sobre el autismo.
Sus investigaciones han contribuido a comprender las diferencias en la cognición social, el procesamiento de información y el desarrollo de las personas autistas.
Lo interesante es que sus cuestionamientos no provienen de alguien ajeno a esta área del conocimiento.
Por el contrario, Frith participó activamente en la evolución científica que permitió ampliar nuestra comprensión del autismo.
En agosto de 2026, University College London difundió sus reflexiones, destacando su preocupación por la posibilidad de que una categoría demasiado amplia genere confusión e incluso diagnósticos equivocados. University College London
Esto nos recuerda algo esencial: la ciencia no es un conjunto de verdades inamovibles, sino un proceso permanente de revisión y aprendizaje.
Cuestionar un concepto no significa necesariamente negar su existencia.
También puede representar un esfuerzo por comprenderlo mejor.
¿Qué significa realmente estar dentro del espectro autista?
Actualmente, el trastorno del espectro autista se reconoce como una condición del neurodesarrollo.
Se caracteriza principalmente por diferencias persistentes en la comunicación e interacción social, junto con patrones restringidos o repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.
Sin embargo, sus manifestaciones pueden variar considerablemente entre personas.
Algunas desarrollan lenguaje oral fluido, estudian, trabajan y mantienen una vida independiente.
Otras presentan dificultades importantes de comunicación, condiciones intelectuales asociadas o necesidades de acompañamiento permanente.
Entre ambos perfiles existe una gran diversidad.
La Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-11, de la Organización Mundial de la Salud, reconoce esta heterogeneidad mediante especificaciones relacionadas, entre otros aspectos, con el desarrollo intelectual y el lenguaje funcional. Organización Mundial de la Salud
Por tanto, hablar de espectro no significa que todas las personas autistas sean iguales.
Tampoco significa que el autismo pueda entenderse simplemente como una línea que va de menos a más.
Cada persona presenta una combinación particular de fortalezas, dificultades y necesidades de apoyo.
¿Qué está cuestionando realmente Uta Frith?
La preocupación central de Frith es que el concepto actual puede agrupar situaciones clínicas profundamente diferentes.
Desde su perspectiva, esta amplitud podría dificultar la identificación de características suficientemente específicas para distinguir el autismo de otras condiciones.
También plantea interrogantes sobre las consecuencias de utilizar una misma categoría para personas que requieren apoyos muy distintos.
En su artículo científico de agosto de 2026, Frith analiza precisamente si el diagnóstico ha perdido claridad y si su utilización puede favorecer errores de clasificación. PubMed Central (PMC)
Es importante aclarar que estas afirmaciones representan una posición dentro de un debate científico.
No constituyen una demostración de que el modelo actual sea inválido ni significan que los diagnósticos existentes deban descartarse.
La discusión continúa abierta.
El riesgo de invisibilizar las necesidades de apoyo
Uno de los aspectos más importantes de esta controversia tiene que ver con las personas autistas que requieren apoyos intensivos.
Cuando utilizamos una misma denominación para describir experiencias tan diferentes, existe el riesgo de que determinadas necesidades queden insuficientemente representadas.
Una persona que requiere acompañamiento permanente para comunicarse, alimentarse o realizar actividades cotidianas enfrenta desafíos diferentes a los de alguien que trabaja de manera independiente, pero experimenta dificultades significativas de interacción social o regulación sensorial.
Ambas experiencias merecen reconocimiento.
Sin embargo, reconocer la diversidad no debería significar ignorar las diferencias en las necesidades de atención.
Desde una perspectiva clínica, considero fundamental que las evaluaciones permitan identificar no solamente una categoría diagnóstica, sino también las características individuales y los apoyos específicos que cada persona necesita.
La otra cara del debate: el peligro de excluir
Existe, sin embargo, otra preocupación igualmente importante.
Si restringimos excesivamente los criterios diagnósticos, podríamos dejar sin reconocimiento a personas que durante años han enfrentado dificultades reales.
Esto resulta especialmente relevante para quienes reciben un diagnóstico durante la adolescencia o la adultez.
Algunas personas han desarrollado estrategias para adaptarse socialmente, ocultar sus dificultades o responder a determinadas expectativas.
Otras pudieron pasar inadvertidas porque sus manifestaciones no coincidían con las descripciones tradicionales del autismo.
Investigadores y profesionales autistas han respondido a los planteamientos de Frith señalando que abandonar el concepto de espectro podría representar un retroceso en el reconocimiento de esta diversidad.
Su argumento es que las diferencias entre personas no necesariamente invalidan la existencia de características compartidas. NeuroHub Community
Por eso, el verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio.
Necesitamos diagnósticos rigurosos, pero también suficientemente sensibles para reconocer diferentes formas de presentación.
¿Qué podemos aportar desde la psicología clínica?
Desde mi experiencia como psicóloga y especialista en Terapia de Esquemas, considero que este debate nos invita a recordar un principio fundamental:
Antes que un diagnóstico, tenemos frente a nosotros a una persona.
Una evaluación psicológica no debería limitarse a identificar características y asignar una etiqueta.
También debe comprender la historia individual, el contexto familiar, las relaciones, las experiencias emocionales y las dificultades que afectan el bienestar.
Es importante distinguir que la Terapia de Esquemas no constituye una herramienta diagnóstica específica para el autismo ni pretende modificar las características centrales de esta condición.
Sin embargo, puede ofrecer un marco complementario para comprender determinadas experiencias emocionales cuando existe una indicación clínica apropiada.
Por ejemplo, algunas personas autistas pueden haber experimentado rechazo, incomprensión, aislamiento o invalidación emocional.
Estas experiencias podrían relacionarse con sentimientos de vergüenza, soledad o insuficiencia personal.
Desde la Terapia de Esquemas podemos explorar cómo esas vivencias han influido en la construcción de determinadas creencias sobre uno mismo y las relaciones.
El objetivo no sería cambiar la neurodivergencia, sino acompañar el sufrimiento emocional que puede surgir de experiencias adversas y favorecer una relación más saludable consigo mismo.
Siempre debemos adaptar cualquier intervención a las características, preferencias y necesidades individuales.
El papel de las familias
Para muchas familias, recibir un diagnóstico de autismo representa un momento de grandes emociones.
Puede traer alivio, incertidumbre, preocupación o una combinación de sentimientos.
Ante debates como el planteado por Uta Frith, es comprensible que surjan preguntas.
¿Es correcto el diagnóstico de mi hijo?
¿Necesitamos una nueva evaluación?
¿Cambiarán los apoyos que recibe?
Es importante transmitir tranquilidad sin minimizar estas inquietudes.
Las opiniones expresadas en una controversia científica no modifican automáticamente los criterios diagnósticos vigentes.
Tampoco justifican suspender intervenciones, retirar apoyos o cuestionar indiscriminadamente evaluaciones realizadas por profesionales competentes.
Cuando existen dudas razonables, lo adecuado es solicitar una valoración individualizada.
La prioridad debe continuar siendo el bienestar y el desarrollo de la persona.
Más allá de las etiquetas: comprender para acompañar
Considero que el debate actual representa una oportunidad para fortalecer nuestra práctica profesional.
Necesitamos avanzar hacia evaluaciones cada vez más precisas, capaces de reconocer diferencias individuales sin perder de vista las características compartidas que sustentan los diagnósticos.
También necesitamos escuchar a las propias personas autistas.
Sus experiencias, necesidades y perspectivas deben formar parte de las conversaciones científicas, educativas y sociales.
No podemos construir una comprensión verdaderamente integral del autismo sin considerar a quienes viven esta condición.
La Organización Mundial de la Salud destaca que una identificación diagnóstica adecuada constituye un paso importante para facilitar el acceso a servicios y apoyos apropiados.
Ese debería ser nuestro punto de encuentro.
No se trata únicamente de decidir qué nombre utilizamos.
Se trata de asegurar que nuestras categorías clínicas sean útiles para comprender, orientar y acompañar.
Reflexión final: ¿necesitamos redefinir el espectro autista?
La discusión planteada por Uta Frith merece ser analizada con seriedad, respeto y apertura científica.
Su preocupación por la precisión diagnóstica es legítima.
También lo es la preocupación de quienes consideran que restringir el concepto podría invisibilizar experiencias y limitar el acceso a apoyos necesarios.
Desde mi perspectiva profesional, no deberíamos convertir este debate en una confrontación entre quienes defienden o cuestionan el término.
La pregunta más importante es otra:
¿Cómo podemos mejorar nuestra comprensión del autismo para ofrecer una atención más humana, precisa e individualizada?
Porque ninguna categoría diagnóstica debería ser más importante que la persona a la que buscamos comprender.
Y ninguna diferencia en las necesidades de apoyo debería convertirse en motivo de exclusión.
La ciencia continuará evolucionando.
Nuestra responsabilidad, como profesionales de la salud mental, es evolucionar con ella, manteniendo siempre el respeto por la dignidad, la diversidad y el bienestar humano.
Dra. Cristina Guzmán Calvo
Psicóloga | Especialista en Terapia de Esquemas
Psicología Activa – Costa Rica
Comprender nuestras experiencias emocionales es el primer paso para construir relaciones más saludables con nosotros mismos y con los demás.
Una pregunta para nuestros lectores
¿Considerás que el concepto actual de espectro autista representa adecuadamente la diversidad de experiencias y necesidades de las personas autistas?
Te invito a compartir tu opinión desde el respeto y la empatía.

